Preguntas más comunes de padres y maestros sobre las adicciones

Enfoques recientes a la prevención

 

 

 

Se incluye una lista elaborada para ayudarlo a precisar sus dudas e inquietudes y sacar mejor provecho de este Módulo de Orientación y Prevención.

 

Contenido:

 

Conductas de riesgo

 

17 de las conductas de riesgo más frecuentes entre los menores de 10 a 18 años que contribuyen - según los datos de investigación- al desarrollo de conductas adictivas o problemas asociados al consumo de sustancias. Pueden presentarse como comportamientos aislados unos de otros, o asociados varios de ellos en un estilo de vida riesgoso:

 

1.Uso de alcohol, tabaco y marihuana

2.Uso de otras drogas

3.Conducta antisocial

4.Uso de drogas médicas

5.Uso de cocaína

6.Robos

7.Venta de droga

8.Uso de drogas de diseño (metanfetaminas)

9.Pandillerismo

10.Uso de Inhalantes

11.Uso de drogas en familiares y amigos

12.Sexualidad negativa

13.Dificultades con maestros y amigos

14.Experiencias desagradables con alcohol y drogas

15.Cambios de escuela y de hogar

16.Ruptura afectiva

17.Dificultades familiares

Cada ficha incluye:

 

 

 

 

La definición de la conducta de riesgo

 

Factores de vulnerabilidad

Esta entrada responde a la pregunta general. ¿En qué tipo de hogares es más probable que sucedan conductas de riesgo?

 

Factores de protección

Esta entrada responde a la pregunta general. ¿En qué tipo de hogares es menos probable que sucedan conductas de riesgo?

 

Actitudes y habilidades de protección

Esta entrada responde a la pregunta general ¿Qué tipo de reacciones debo fomentar entre los miembros de mi familia y/o en mi escuela frente a las conductas de riesgo?

 

Cómo lograr ambientes protegidos en el hogar y en la escuela.

Esta entrada ofrece alternativas y ejercicios prácticos para que los padres y los maestros logren hacer de su hogar y de su escuela un clima seguro para el desarrollo pleno de los niños y los adolescentes.

 

Efectos en el sistema nervioso central y las emociones.

Se describen los principales datos producidos recientemente por la investigación y los estudios científicos.

 

Nociones generales sobre prevención de adicciones

 

 

 

En los 70’s se iniciaron, en México, los estudios nacionales y locales que han ido mostrando la magnitud y características de la problemática de las drogas en el país con conocimientos estadísticos suficientes, válidos y confiables, que a la fecha se han llegado a sistematizar, creándose incluso sistemas de vigilancia epidemiológica y de recuperación de la información sobre drogadicción en puestos de emergencia, hospitales, puntos de encuentro con la administración de justicia, etc. Con estos datos la prevención ha evolucionado.

 

Una primera respuesta preventiva al saberse que las adicciones se extendían a toda la sociedad, fue la exhortación al buen comportamiento y la prohibición del uso. La prevención (si así pudiera designársele) se concretaban a decir: “Aléjate del vicio”, “no consumas drogas, que es malo”. Esta postura se abandonó cuando tuvo que admitirse que no ayudaba mayormente, pues el número de quienes consumían en forma habitual y abusaban de las sustancias aumentaba, a pesar de la moralina y las prohibiciones legales.

El cambio a considerar ‘enfermos’ a los adictos fue importante. Permitió a los médicos auxiliar a quienes estaban expuestos al uso experimental y social de las drogas, sobre todo los jóvenes. Así, para evitar contraer una adicción se usaron los métodos racionales de la información y la orientación. La fórmula aplicada fue: enseñar sobre las drogas y sus efectos y los daños que contrae, de la misma manera en que se enseñaban los efectos negativos de otras enfermedades, llegándose a desarrollar el concepto de ‘educación en drogas’, bajo la convicción de que quien sabiendo más sobre las drogas y las consecuencias de su uso podría evitarse el consumo y sus consecuencias nocivas.

 

Hubo un gran auge de este enfoque preventivo conocido como ‘educación en drogas’. No lo detuvo la severa advertencia de la UNESCO de que “las drogas es un problema que crece hablando de él”, pues se ignoraba, entonces, lo que luego fue conclusión de muchos estudios y observaciones del trabajo de campo: (que) la pretendida educación en drogas –entendida como mera información- era realmente fomentadora del consumo, y que inducía a que se iniciara a edades cada vez más tempranas.

Cuando como sociedad nos dimos cuenta de que la sola información fomentaba el consumo, intentamos alejar a los jóvenes de las drogas por todos los medios alternativos imaginables, dándole a la prevención otros contenidos distintos a la información: arte, deporte, labor social y un sinnúmero de alternativas para el uso del tiempo libre. El desencanto por este esfuerzo llegó cuando se vio cómo en los lugares de reunión juvenil fueran sociales o deportivos, la droga tenía aparición. (Muchas veces las mejores marcas atléticas correspondieron a ‘dopados’, por ejemplo).

La generalizada experimentación y el creciente uso social habitual de las drogas entre los menores y adolescentes, mostraba que los enfoques a la prevención con moralina y prohibición, información y con simples alternativas no eran exitosos. Debían buscarse otras fórmulas; que se desarrollaron a partir de la observación de que no todos los que se iniciaban en estas prácticas en la adolescencia desembocaban en una adicción o en una problemática antisocial

En la vida adulta. Este hecho dirigió la atención hacia otros factores: ¿Por qué ambientes semejantes no inducían de igual modo? ¿Por qué condiciones individuales tan diversas desembocaban en una problemática similar?

Las respuestas a estas preguntas llevaron al descubrimiento de los factores de vulnerabilidad específica. A través de estudios que seguían a lo largo del tiempo las historias de vida de las personas que consumían drogas y con encuestas hechas a miles y miles de jóvenes durante varios años, se pudieron identificar factores específicos de vulnerabilidad y, consecuentemente, las posibilidades de anteponer factores de protección, precisamente los requeridos para evitar las adicciones.

“Protección específica” se pudo proclamar como el objetivo de la prevención, y construir entonces, con los factores de vulnerabilidad modelos, programas y materiales que permitían enfrentar exitosamente los riesgos a los que los adolescentes están expuestos en su desarrollo en la sociedad contemporánea.

 

De esta manera, los factores protectores que se han identificado en interacción con los factores de riesgo , indican que es necesario y no sólo conveniente, abrirse a los aprendizajes que permitan la práctica de patrones de conducta ajenos a las droga; lograr que los sentimientos, los pensamientos y las acciones marchen en armonía, permitiendo que los sucesos de la vida no lleven a los individuos a la compensación de frustraciones o de tensiones por medio del consumo de drogas; y ese tan largo etcétera como lo es la lista de factores que dan la protección específica frente a los factores de vulnerabilidad.

 

Bajo este enfoque, en un primer momento fueron consideradas sólo las actitudes y las habilidades individuales, bajo el supuesto que si una mayoría de los sujetos de un grupo podía enfrentar con éxito los riesgos automáticamente se lograría un clima social protector; sin embargo, se ha visto que las personas en forma individual poco pueden hacer si no se sienten apoyados por su comunidad, es decir por su grupo de pertenencia: su familia, sus amigos, sus compañeros de trabajo, sus vecinos, etc..

Un concepto de prevención

17 de las conductas de riesgo más frecuentes entre los menores de 10 a 18 años que contribuyen - según los datos de investigación- al desarrollo de conductas adictivas o problemas asociados al consumo de sustancias. Pueden presentarse como comportamientos aislados unos de otros, o asociados varios de ellos en un estilo de vida riesgoso:

La esencia de la prevención es evitar que suceda algo que no queremos que ocurra. Al caso, evitar las adicciones.

Prevenir es advertir sobre peligros, proteger de riesgos, evitar daños.

Nadie puede saber lo que ocurrirá el día de mañana, pero deseamos construir un futuro mejor para nuestros hijos. Y la intención de que vivan protegidos de las adicciones implica moldear actitudes y valores y desarrollar habilidades para enfrentar los riesgos con comportamientos de protección y el desenvolvimiento de un estilo de vida saludable, en un clima hogareño y escolar seguro.

Sobre los riesgos a veces no se puede influir directamente. Querámoslo o no, los riesgos están ahí, en la sociedad, por influencia de los medios de comunicación y las formas de entretenimiento sobre la vida concreta de los jóvenes, en los hogares, en las escuelas y las comunidades. Digamos, por ejemplo, la disponibilidad de drogas, la presión de compañeros que incitan al consumo, de la estimulación de los medios de comunicación colectiva que inducen al uso de sustancias tóxicas como parte de las formas de diversión o de convivencia social son los riesgos sobre los que el individuo debe protegerse. (Y lo que decimos de las drogas lo hacemos extensivo a los demás riegos psicosociales: inducen a la conducta antisocial, a la sexualidad inadecuada, al consumismo, al descuido de la salud, los eventos negativos de la vida, etc.). Lo que si podemos es influir en las protecciones , en las actitudes y habilidades para enfrentar esos riesgos.

El Proceso Adictivo

La adicción no se da automáticamente porque empezamos a consumir cualquier sustancia que afecta al Sistema Nervioso Central.. Siempre se sigue el proceso que se describe enseguida, en tres fases: Experimentación, habituación y adicción. Este proceso es válido tanto para el alcohol, para el tabaco como para otro tipo de drogas. Muchas personas que abusan del alcohol, creen que el término adicto se utiliza solamente para las drogas, sin embargo el tabaco y el alcohol también son drogas , ya que son sustancias que afectan al Sistema Nervioso Central, es decir al cerebro, y definitivamente el cerebro de un adicto (se incluye al alcohol y al tabaco) tanto física como químicamente es diferente a un cerebro normal. Toda una gama de cambios neurobilógicos acompañan a la transición del uso voluntario al uso compulsivo de drogas, y todos tienen que ver con la alteración de los circuitos de placer del cerebro.

 

De la fase de experimentación sigue la habituación, que es el uso regular de la droga en la vida de la persona, sin que se tenga todavía la necesidad compulsiva de usarla. Esto significa que si el individuo no usa la droga sus funciones corporales y mentales y consecuentemente sus actividades diarias no muestra modificaciones, lo que sí ocurre en la tercera fase, la de adicción, donde la persona cambia sus costumbres y hábitos, empujada por la necesidad irreprimible de consumir la droga, cada vez más frecuentemente y en mayor cantidad, sin importarle el daño que esto le produce ni los percances que ocasione.

Queda claro, entonces que es diferente experimentar con las drogas, que habituarse al consumo de alguna; y que otra cosa es ser adicto.

 

Es importante señalar que los estudios de investigación que se han hecho para reducir la demanda de drogas indican que es una conducta que se puede prevenir en cualquiera de las primeras fases para evitar la siguiente. Es posible lograr que los jóvenes que aún no usan drogas no inicien la experimentación; detener a los que ya experimentaron para que no se habitúen e impedir que quienes ya se habituaron avancen a ser adictos. Incluso los que padecen adicciones pueden se rehabilitados, pero ello requiere un enorme esfuerzo y siempre con resultados inciertos. De aquí la importancia de la prevención y de hacer esfuerzos por la disminución de los daños que traen la adicciones.